En un día tan "especial" como el de hoy y por aquello de intentar aprender de los errores cometidos y olvidarnos de las recetas que todo el mundo nos ofrece, que pasan siempre por la misma solución consistente en que los que no tienen culpa, la masa informe de trabajadores, pague el pato, me pregunto si no es un buen momento hablar de cambiar algunas cosillas que aunque no sea economía son una de las llaves. El compromiso.
A mí me encanta que mis clientes ganen mucho dinero, a ser posible que ganen tanto dinero que los billetes se les escapen por las orejas, que les vaya todo tan bien que un lunes se les pase por la cabeza editar un libro y el martes me llamen para empezar a prepararlo. Es lógico que me alegre de sus éxitos empresariales, mi futuro está unido al suyo, a su éxito como empresa y a su cuenta de resultados.
¿Ocurre siempre eso? No
Ese es uno de los orígenes, según cuentan, de la crisis actual. Ejecutivos cuyas cuentas de resultados nada tenían que ver con los resultados reales de las empresas para las que trabajaban y cuyo futuro sólo compartían en la teoría... en la práctica resulta fácil abandonar una empresa si cuando te vas en tu cuenta bancaria se ingresan varias decenas de millones de dólares, ¿no? Es como irse al paro, pero un poquito menos.
El 1 de mayo en España también tiene un poco de eso, diferente, pero algo hay desde el momento en que el trabajo de sindicalista se profesionaliza de tal modo que tu empleo, tu sueldo y tu futuro no está directamente relacionado con la función que desempeñas, sino que en buena medida se ha convertido en un cargo que ya no se sabe muy bien si es funcionarial, si eres un "trabajador", si eres una casta aparte entre los políticos, los patronos y los empleados... El resultado del cierre de una empresa y que 1.000 personas pierdan el empleo afecta menos -en su estatus- a un lider sindical, que desacuerdos con los grandes patronos o con el Gobierno. No digo nada si los desacuerdos van unidos a cursillos y similares. En suma, tienen dos prioridades, su empleo y los objetivos de su empleo y, desgraciadamente su futuro no depende de que ambas prioridades coincidan.
Y en los que mandan ocurre exactamente lo mismo. Los privilegios -las primas que diría un ejecutivo de Wall Street- que recibe un diputado español, su posición, su sueldo, su estatus, no depende, para nada, del trabajo que desarrolle para sus votantes, sino del trabajo que desarrolle para sus superiores en el partido al que representan, luego las decisiones, cabe pensar, que también fluirán en esa dirección. Obviamente eso se resolvería con las listas abiertas: responsabilidad ante tus votantes, control un poquito más real de los votantes sobre su voto y sobre sus elegidos y, de paso, fugas de agua en el férreo control de la piramide de poder -poco democrático- de nuestros partidos.
En resumen, ligar el esfuerzo de cada uno a los resultados de dicho esfuerzo, al igual que el empleado de una tienda de ultramarinos liga su futuro laboral a que la tienda funcione y, por lo tanto, su trabajo va única y exclusivamente orientado a ello.
Visto así, jode un poco que algunos culpen a las prestaciones sociales de fomentar el paro cuando sus "despidos" han llegado acompañados de cantidades que les permitirían vivir holgadamente toda su vida, porque es exactamente esa posibilidad de salida dorada la que fomenta que los objetivos de la "empresa" y del "ejecutivo" de turno no tengan necesariamente que coincidir. Los del mileurista sí, siempre, o casi.